Beryl Markham
Beryl Markham
Beryl Markham

Ivan Turgenev

“El tiempo era espléndido. Nos instalamos precisamente el 9 de mayo, el día de San Nicolás. Yo solía pasear unas veces por el jardín de nuestra dacha y otras por Nekúchnoe o más allá de la barrera. Me llevaba algún libro -el manual de historia de Kaidánov por ejemplo- aunque raramente lo abría, pues prefería recitar alguno de los muchos versos que me sabía de memoria. Notaba la sangre inquieta y el corazón oprimido, dulce y estúpidamente al mismo tiempo: algo esperaba, algo me intimidaba, a la vez que todo me sorprendía y estaba como a la expectativa. Mi fantasía jugaba y revoloteaba en torno a unas ideas fijas al igual que las alondras revolotean al amanecer en torno a los campanarios. Me abstraía, me embargaba la tristeza y hasta llegaba a llorar. Pero tanto a través de las lágrimas como a través de la tristeza inspirada por un verso armonioso o por un bello atardecer, despuntaba, al igual que la hierba en primavera, la sensación jubilosa del despertar de una vida joven. “

 

El primer amor

Ivan Turgenev

 

La amapola es una flor salvaje y delicada. Ha sido usada desde hace mucho tiempo como símbolo de paz, sueño y muerte. Es una flor especial. No permite ser cortada, se descompone y deshace rápidamente. El brillante colorido y vibración que presenta en el campo no aguanta ni siquiera unos minutos en nuestras manos. Si queremos conservarla, conseguir que permanezca, será necesario elaborarla, trabajarla de tal forma que no se estropee. La naturaleza resultante, imperfecta, será mucho más completa y elegante… y permanecerá.

La amapola, vista de esta manera, es una bonita metáfora del amor y los enamoramientos…

El amor y la belleza son los dos retos fundamentales del ser humano y lleva toda una vida llegar a comprenderlos.

La belleza repara.