Beryl Markham
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Wald

 

 

“El bosque, el lugar en el que estamos cuando nos perdemos. El lugar al que acudimos para encontrarnos” (Jean Shinoda)

El acto II de Sigfrido (tercera parte de la ópera El Anillo del Nibelungo) presenta al héroe, el hombre sin miedo, el elegido para salvar el mundo, adentrándose en un bosque con una serie de cavilaciones relativas al amor. Es huérfano y no conoció a sus padres y tampoco ha conocido todavía el amor romántico. Consciente del terrible destino al que se enfrenta, poco a poco entra en contacto con la belleza del bosque.

Wagner compuso un arreglo para concierto de nueve minutos de duración a propósito de este momento tan especial de conexión con lo sublime desde lo bello (la naturaleza, el bosque). En las hojas de orquestación escribió de su puño y letra para cada instrumento la escena correspondiente. “Llegado a este punto, Sigfrido se estira cómodamente bajo la sombra de un tilo, levanta la mirada hacia arriba a través de las ramas y se abandona… en una silenciosa ensoñación, encantado con los murmullos del bosque…”

Este proyecto trata de representar lo que está viendo Sigfrido en ese momento. Una imagen idealizada del bosque, un contraluz en el que la silueta de las ramas y las hojas de los árboles filtran la luz del sol.

El bosque en el que Wagner sitúa esta acción es un bosque occidental, arquetípicamente un lugar de peligro, oscuridad y amenazas. El arquetipo de bosque en la cultura oriental (Japón) significa todo lo contrario. El bosque en Japón es un lugar sagrado, de luz y de reparación personal.

La belleza repara.

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Wald (grabados en aguafuerte)

Edición de 60 ejemplares, 6 P.A. (Pruebas de Autor), 10 H.C. (Hors Commerce), numeradas y firmadas.

políptico 70×140 cm (4x70x35)

Aguafuerte sobre papel 100% mulberry, hecho a mano.

Marco de madera de nogal encerada y cristal museo, antirreflejo y 90% protección U.V.A.