Beryl Markham
Beryl Markham
Beryl Markham

Wallace Stegner

“A muchísima gente Ruth le parece una monada de mujer: pequeña, animosa, culta, brillante, que se interesa por las personas, que sabe escuchar y es una máquina de charlar. Hay muchos que pasan por alto la misionera presbiteriana que lleva dentro, otros no llegan a ver a la chavala del Ejército de Salvación y la mayoría nunca ha visto a la arpía. Todos conocen su amabilidad y la cercanía que siempre siente ante cualquier clase de desgracia o cabezonería humana, pero incluso a Ben Alexander le costó un par de años como médico personal suyo el comprender la tensión angustiosa que la mantiene firme y amenaza a la vez con hacerle perder el equilibrio. Y nadie más que yo conoce a esa niña de seis años que está sepultada en su interior, tan imposible de erradicar como el molesto adolescente sepultado en mi interior. Cuéntame una historia, papi. Cuéntame lo de cuando eras un adolescente de unos cincuenta años. Cuéntame lo de Dinamarca, donde tan triste estuviste.”

El pájaro espectador

Wallace Stegner

 

La amapola es una flor salvaje y delicada. Ha sido usada desde hace mucho tiempo como símbolo de paz, sueño y muerte. Es una flor especial. No permite ser cortada, se descompone y deshace rápidamente. El brillante colorido y vibración que presenta en el campo no aguanta ni siquiera unos minutos en nuestras manos. Si queremos conservarla, conseguir que permanezca, será necesario elaborarla, trabajarla de tal forma que no se estropee. La naturaleza resultante, imperfecta, será mucho más completa y elegante… y permanecerá.

La amapola, vista de esta manera, es una bonita metáfora del amor y los enamoramientos…

El amor y la belleza son los dos retos fundamentales del ser humano y lleva toda una vida llegar a comprenderlos.

La belleza repara.